La influencia de los medios y la aparición de nuevas tecnologías de información, hacen que el hombre se adapte a nuevos códigos comunicativos para percibir lo que sucede a su alrededor.

Los Medios Masivos de Comunicación (MMC) o mass media influyen sobre las personas, modificando sus modelos de vida, costumbres, hábitos de consumo y modelando sus opiniones. Hoy en día, son una herramienta persuasiva que nos permite mantenernos en contacto con cualquier parte del mundo sin importar el idioma ni la distancia.

Quienes trabajamos en el manejo de información y elaboración de mensajes debemos tener en cuenta que la calidad de los contenidos, tiene una alta incidencia en la formación de pensamiento colectivo; es decir, comunicadores, periodistas y publicistas somos moldeadores de opinión.

¿Somos entonces responsables socialmente? claro que sí. La responsabilidad social construye sus pilares sobre la ética profesional y está presente en cada uno de nuestros actos, sin importar el oficio que desempeñemos. Un profesional de la comunicación debe comprender que su labor es pública y en esa medida, asume su rol para contribuir al desarrollo sostenible de su comunidad a fin de mejorar la calidad de vida.

Se requiere un manejo ético de la información, de lo que se dice o expresa. Estos elementos los perfeccionan con el tiempo y la experiencia. Sin embargo, no puede ser una camisa de fuerza, porque hay quienes han sabido ser más periodistas sin título que otros quienes habiendo estudiado no ejercen con imparcialidad y responsabilidad, y más bien logran desorientar y desinformar al público.

Hoy en día las personas tienden a aferrarse a valores transitorios y superficiales, por lo que son fácilmente seducidas por los mass media. Sólo cuando se adquiere un pensamiento crítico y fundamentado podemos escapar de la euforia sensacionalista con que algunos manejan la información y construir nuestro punto de vista.

Ya no existen 2 cadenas de televisión, el radio viejo de a.m., ni el televisor a blanco y negro de tubo; ahora vivimos en autopistas de información en las que usted escoge entre cientos de opciones que lee, escucha o mira. El cerebro entonces, a diferencia de lo que sucedía en la mitad del siglo pasado, hoy recibe mensajes continuos y debe decodificarlos rápidamente.

Esta oleada tecnologica se convirtió en una competencia por saber quién entrega primero la noticia, sacrificando en muchos casos la veracidad y la calidad de lo que se informa, y en un reto para los publicistas que ven como sus mensajes pierden efectividad ante la saturación visual y auditiva.

Alguna vez me hicieron una pregunta bastante profunda: ¿cuál es el mejor medio masivo de comunicación? Considero que no hay jerarquía en los medios: cada uno maneja públicos específicos o mixtos y usa canales diferentes para llegar al espectador y allí radica la astucia, por ejemplo, del publicista: plantear estrategias creativas, diseñar piezas sugestivas y escoger los canales efectivos.

De nosotros depende entonces, que nuestra actividad contribuya a un mejor entendimiento entre los diferentes actores sociales o que nuestras palabras y actos muevan masas con pensamientos colectivos destructivos.

Los periodistas no somos culpables que la informacion no se maneje como es debido, y que las personas interpreten la informacion a su manera.